Liderazgo de los nuevos tiempos

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En estos últimos años he trabajado potenciando capacidades de liderazgo y talentos natos; además de la comunicación con dueños de empresas, gerentes de multinacionales, gerentes departamentales, vicepresidentas de países u organizaciones, y con jóvenes emprendedores. En todos estos líderes, quizá una de las tareas más importantes recae en tomar consciencia del impacto que tienen sus acciones en sus liderados y a través de su accionar en el mundo.

E

l trabajo o la interrelación de un liderado con un líder, y viceversa, puede ser una gran fuente de satisfacción o de frustración; siendo conscientes de ello, si queremos liderazgos más eficientes que logren mejores resultados y, por supuesto, nos procuren como líderes una buena calidad de vida, hay dos talentos que debemos desarrollar: uno de ellos es sacar lo mejor de cada persona a su cargo, entendiendo que los equipos están formados por personas con rasgos de personalidad que no siempre son sus mejores aliados; y, el segundo, la capacidad de hacer sentir a su personal la valía de su Ser, es decir, de otorgarle un gran sentido de su propia dignidad. Muchos dirán: “sí, pero ese es un objetivo básico”, y obviamente tendrán razón; pero en la práctica, la falta de una amplia comprensión de la importancia de nuestro liderazgo y de cómo funcionamos con nuestra naturaleza humana, hace que aun sin pretenderlo, esta meta básica como método para obtener excelentes resultados vaya siendo difícil de lograr. Durante las últimas décadas se han producido grandes cambios en la forma de liderar, pero también en los estímulos internos que nos motivan a comprometernos, a alcanzar metas o formar parte de un equipo. Los cambios siguen generándose a pasos acelerados, y así vamos pasando del esfuerzo como sentido del progreso, a la inspiración como motivación.

Un líder sabio es un Ser más consciente de su propio rol e impacto en su entorno y en el mundo.

No es noticia que los parámetros con los que se mide la satisfacción han cambiado y hoy incluyen, como condición básica, una buena calidad de vida, un buen ambiente laboral; pero aún no concienciamos con suficiente profundidad que estos nuevos tiempos requieren, más que nunca, de líderes que inspiren.

¿Cómo lograr que la gente a mi cargo se inspire? Muchos tendrán respuestas a esta pregunta; algunos tendrán el carisma y la motivación para hacerlo posible, otros no; a muchos les pondrá a meditar; sin embargo, la mejor forma de lograrlo verdaderamente es estar inspirado por sí mismo, por la vida, por un deseo de hacerle bien a la gente que lidero, y a través de mi labor, al mundo. Resulta positivo tomarse con consciencia y humildad la importancia de nuestra presencia en este planeta, saberse que somos parte de una masa crítica que genera condiciones y resultados específicos en nuestras sociedades, que nuestro paso por la Tierra y por la vida de nuestros liderados, no es tan casual. Los liderazgos sabios de hoy requieren de líderes que comprendan que no solamente resulta conveniente hacer, sino SER.

El óptimo desempeño y el uso de talentos y habilidades no solamente traen bienestar y salud, sino felicidad. Ser lo mejor de uno mismo es felicidad. El liderazgo no es solamente la presencia de un don de mando o del conocimiento necesario para desempeñar una función, es producto de varios factores. No solamente de rasgos de personalidad, de impactos emocionales grabados en el consciente o subconsciente —y de acuerdo a la investigación de 15 años que me llevó a la creación y desarrollo de Técnica PRI (Técnicas de Programación y Reprogramación Integral) que hoy se aplica en 10 países—, es producto también de programaciones en el ADN de una persona.

Las programaciones en el ADN le dan una forma de pensar, actuar, reaccionar y tomar decisiones específicas, por ello, la capacitación y el desarrollo de habilidades blandas ayuda a sortear ciertas condiciones que nos son innatas, que no son de lo más aportadoras a nuestra gestión, y a potenciar otras que son nuestros talentos. Sin embargo, hay ciertos rasgos de personalidad o conducta con los que solemos lidiar con mucha o cierta frecuencia; ésas son programaciones, están incluidas en el ADN y son determinantes en la vida de un ser humano —en sus diferentes roles—, pero hay formas de cambiarlas: reprogramándolas a través de un proceso específico. Sabiendo que somos influenciados por nuestro ADN, ¿qué hacer para poder sortear, desde nuestra mente consciente, ciertas condiciones para lograr un mejor desempeño en la vida?, y como consecuencia, ser líderes más inspiradores en los diferentes roles que asumimos:

• Ser consciente de que nuestras acciones, reacciones y formas de expresar aceptación, desagrado o enfado, pueden causar real sufrimiento en la vida de otro; se debe hacer no por profesionalismo, sino por consciencia.

• Considerar que el objetivo es sacar lo mejor de cada ser a tu cargo y, como consecuencia, alcanzar excelentes resultados en nuestra gestión.

• Comprender que, si ese es el objetivo, sentiremos mucha satisfacción, pero estaremos realizando un gran acto de consciencia y generosidad, porque el sacar lo mejor de otro (y no sólo de tu equipo de trabajo) permite a los demás verse en su propia valía.

• Darle a cada persona su valor, pero la única manera de que llegue ese sentimiento al otro de verdad, es sentirlo en nuestro interior.

• Al experimentar incomodidad o fastidio por alguna circunstancia o actitud, se debe pensar de inmediato que aprendemos de ello y no quedarnos atrapados en la molestia. Seamos nuestros libertadores, no nuestros carceleros.

Hoy la conciencia es vanguardismo. Ahora las personas son más conscientes de lo que quieren vivir, de lo que consumen, de lo que aceptan y de lo que rechazan; y lo serán aún más. El mundo dentro de 10 años tal como lo conocemos hoy probablemente no exista, la consciencia se irá acrecentando, por ello, tomemos nota de nuestros actos, revisemos nuestra conducta en los diferentes roles, decidamos que vayan encaminándose hacia lo siguiente:

Un líder sabio es un Ser más consciente de su propio rol e impacto en su entorno y en el mundo.

  • Mi comunicación con las personas suele animar y estimular.
  • Soy exigente, pero muestro compasión en situaciones difíciles.
  • Estoy enfocado en los objetivos, sin perder de vista mi impacto en el ser humano a mi cargo o con quien me relaciono.
  • Mi éxito es la experiencia de mis buenas actitudes y amor por mí mismo, no el aliento para mi ego.
  • Comprendo y acepto que la eficiencia, la excelencia, el éxito, la paz y la armonía son compatibles.
  • Puedo inspirarme y alcanzar mis metas, sin creer que todo tiene que ser un reto o un desafío para que se sienta bien mi ego.
  • Mantengo claro lo que me sale bien y trato de mejorar rápidamente lo que me sale mal. Puedo celebrar mi victoria y aplaudir la victoria de otros.
  • Si mis experiencias como persona y como líder son resultado de mis actitudes y de mi capacidad de adaptabilidad, me permito buenas actitudes y rápida adaptabilidad que me hagan saborear lo agradable de la vida, así también aporto a la vida de los demás.
  • Mis observaciones son constructivas y no constantemente censuradoras. (Recordemos que la gente se aturde cuando recibe críticas constantes).
  • Soy considerado conmigo mismo y con los demás.
  • La culpa, como método de mejora, no es una opción para mí; yo tomo consciencia y enmiendo lo más rápido que me sea posible.
  • Dejo que la vida me muestre su mejor cara.
  • Dejo de poner atención a lo que me disgusta de otros. 
  • Me permito ser feliz.
  • Contribuyo al bienestar de los otros sacando lo mejor de ellos.
  • Contribuyo a mi propio bienestar, dejando atrás actitudes de queja, fastidio, necesidad de estar preocupado; sacando lo mejor de mí frente a todos y a la vida.

Un líder sabio es un Ser más consciente de su propio rol e impacto en su entorno y en el mundo. Finalmente, comparto con ustedes este axioma que utilizo en algunas de mis conferencias-talleres: Líderes y liderados, mejorándose a sí mismos para su más alto bienestar y felicidad, trabajando en equipo con excelentes actitudes para el éxito de sí mismos, de sus familias, organizaciones, empresas y sociedad, cambiando actitudes y siendo más conscientes de su propia importancia en el mundo, para generar un cambio en el planeta.

 
 

NATALYIA MUÑOZ

Empresaria, conferencista, escritora, creadora de Técnica Pri (Técnicas de Programación y Reprogramación Integral)