Desde hace más de una década he sostenido que no estamos experimentando una época de cambios sino un cambio de época. Una era de transformaciones extraordinarias y de desafíos monumentales. Todas las instituciones están siendo cimbradas desde sus cimientos y cuestionadas a fondo. Los gobiernos, las iglesias, las empresas, las universidades, las profesiones, las artes y las ciencias, las familias; nadie ni nada queda fuera de este nuevo tsunami cultural y tecnológico.

Fotolia_109857989_Subscription_Monthly_XXLEl mundo, desde que es mundo, siempre ha estado en continuos cambios y los seres humanos no siempre hemos caminado a la par de la mutabilidad que nos rodea. Acumulamos más de un siglo con nuestras ideas congeladas sobre casi todos los temas y los campos del quehacer humano y las hemos etiquetado como convencionalismos. Cosa de echar una mirada a nuestro alrededor: las escuelas, los hospitales, los sistemas contables, los utensilios de cocina, la jerga jurídica, las reglas en el futbol, los protocolos en los clubes industriales, los diseños organizacionales, las misiones empresariales, las políticas públicas… todo es una metáfora de los museos de historia. Pero pasa que el mundo parece que se decidiera a mudarse la piel completa y se sacude todos los paradigmas que, con su imaginación, los hombres en sus mentes construyeron. La cosa se pone buena. Lo principal que acontece es que la ecuación de certezas e incertezas se altera. Antes vivíamos rodeados de certezas y hoy son las incertidumbres las que habitan los núcleos de las economías, las finanzas, las políticas, las demografías, las democracias. En el decir de Sygmount Bauman, vivimos tiempos líquidos. Y a lo líquido no le acomodan las estructuras rígidas, los puntos de vista definitivos, los modelos únicos. Lo único que le acomoda es la flexibilidad y ésta es condición necesaria para la innovación.

Resolver problemas convencionales que mejoren la vida de los demás echando mano de soluciones creativas e innovadoras.

En este escenario cambiante, donde lo que abundarán serán los problemas complejos y caóticos, se resaltarán los déficits de liderazgos. Liderazgos que habrán de emerger no de los escombros ni de los caminos trillados, porque los problemas convencionales sólo podrán ser resueltos con soluciones no convencionales. Airbnb, Uber, Netflix, 23andMe, son buenos ejemplos de lo anterior. Los liderazgos que necesitaremos habrán de privilegiar el pensamiento no convencional y éste se encuentra en todo aquello que lo convencional rechaza o no mira con buenos ojos; lo prohibido, lo raro, lo no oficial, lo imprevisto, lo inoportuno, lo loco, lo discontinuo, lo no lineal, lo imperfecto, lo extraño.

Aún no nos ponemos de acuerdo —y pasarán muchos años para que lo hagamos— sobre la característica esencial de esta nueva era, pero en lo que sí coincidimos es que vivimos una era conceptual, donde las ideas que provienen de nuestras mentes y cerebros, están redefiniendo casi todo lo que hasta ahora hemos logrado como homo sapiens. Y esto se relaciona con el talento. Así que la apuesta por incrementarlo parece ser una buena apuesta. Mi propuesta es que la formación de este nuevo talento sea el resultado de integrar una serie de habilidades como la observación, el cuestionamiento, la imaginación de combinaciones, la experimentación y la ejecución, todas enfocadas a resolver problemas convencionales desde múltiples perspectivas no convencionales.

Acumulamos más de un siglo con nuestras ideas congeladas sobre casi todos los temas y los campos del quehacer humano y las hemos etiquetado como convencionalismos.
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Un buen punto de partida es cuestionarlo todo. Como lo pregona Aarón Garrity, fundador y CEO de Xango, “Lo cuestiono todo. Siempre lo cuestiono todo, con una mentalidad revolucionaria”. Se dice fácil pero sabemos bien que en un mundo convencional es la obediencia el fundamento del éxito y el cuestionamiento es algo mal visto. Pero de eso trata el desafío del liderazgo. Estimular las preguntas, porque sin preguntas no hay innovación. ¿Qué pasa si…? ¿Por qué no…?, deberían circular sin restricción por todos los pasillos, salones, cubículos y espacios de nuestras organizaciones. Lo mínimo que provocarán es una bocanada de aire fresco. El nuevo talento que hoy requerimos para desarrollarse necesita de entornos propicios, de ecosistemas que estimulen la libertad de pensamiento, la libertad de crear, de soñar nuevos horizontes, de experimentar nuevos aprendizajes. El desafío de los nuevos liderazgos es “revolucionar la innovación”. Entiendo por innovar “el crear valor para enriquecer la vida de los demás”. Y esto conlleva un cambio de paradigma fundamental. No se trata de ser creativo por ser creativo ni de innovar por innovar. Tampoco se reduce a incorporar a nuestros procesos tecnologías disruptivas. Lo que importa es resolver problemas convencionales que mejoren la vida de los demás echando mano de soluciones creativas e innovadoras. Todo ello en un ambiente de colaboración. La innovación y la colaboración están íntimamente vinculadas. Cada vez apreciamos más cómo las actividades de innovación colaborativa han arrojado un incremento en los resultados financieros. La educación y la formación de los nuevos talentos deberá ponerse al día rápidamente, porque los trabajos del futuro requieren habilidades de resolución de problemas, de flexibilidad y de creatividad. En esta tarea la velocidad es un factor preponderante. La mayoría de los ejecutivos de las empresas actuales, nacionales y globales, ha manifestado en diversas encuestas el temor que tienen a quedar obsoletos en sus prácticas y modelos de negocio, el miedo a desaparecer de la noche a la mañana, tal y como pasó con Kodak, Blockbuster, los taxistas convencionales y muchos más. La respuesta para seguir siendo relevantes en el mercado está en potenciar el talento en las organizaciones “revolucionando la innovación”.


Ramón Muñoz Gutiérrez es CEO del Centro de Innovación y Paradigmas. Considerado uno de los más reconocidos especialistas de la innovación en el mundo hispano y líder del proyecto “Innovación a la Mexicana”.

Centro de Innovación y Paradigmas fue fundado en 2009. Se especializa en enseñar a pensar y actuar diferente mediante la publicación de libros, impartición de conferencias y seminarios, y consultorías sobre innovación. Su misión es “Revolucionar la Cultura de la Innovación en México”. www.neuroinnova.mx

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