ALEX LOBO
SPEAKER & BUSSINESS COACH (MBA) CEO-EMPOWERING THE CHANGE-MAKERS 15

Cuando hablamos de salud pensamos en personas o en comunidades, y casi nunca en una organización. Hoy día, hablar de una empresa saludable no sólo se refiere a sus finanzas y procesos, sino también a cómo se gestiona la salud de sus colaboradores a nivel físico, psicológico y emocional, para así fortalecer la productividad y su eficiencia. Es decir, el bienestar como valor corporativo y al centro de la estrategia.

Para dimensionar la importancia de prevenir y gestionar este fenómeno realizamos un estudio (estado del arte) del síndrome metabólico y sus efectos en la productividad, la salud y la felicidad de los empleados, basado en datos, estudios y programas; hacia el final del texto incluiremos recomendaciones y un plan para un programa mínimo de wellness en las organizaciones. Nuestra vida está diseñada para elegir, y estas decisiones pueden tener efectos positivos o no en nuestra salud. Por ejemplo, pensamos: ¿para el almuerzo fritangas o ensalada?, ¿ocupo mi tiempo libre para pasar el día sentado frente a la televisión o me ejercito al menos 30 minutos? Estas elecciones pueden parecer simples, pero paradójicamente tienen efectos muy poderosos en nuestras vidas y sobre la forma en que nuestros cuerpos funcionarán en el futuro.

EN PROMEDIO UNA ACCIÓN INTEGRAL TENDRÍA UN COSTO DE 12 DÓLARES AL AÑO PER CÁPITA EN LAS EMPRESAS, PERO SE EVITARÍAN ALREDEDOR DE 55 MIL MUERTES ANUALMENTE RELACIONADAS CON EL SOBREPESO Y LA OBESIDAD.

Los datos de la Organización Internacional del Trabajo (2005) indican que 20% de la productividad se pierde debido a una dieta inadecuada. De hecho, al menos 20% de las incapacidades permanentes otorgadas por el IMSS (2015) son causadas por estas enfermedades. Relacionado al tabaquismo y de acuerdo con Guerrero (2012), el IMSS erogó 143.9 millones de pesos por incapacidad. La productividad perdida del IMSS fue de 298.2 millones de pesos. Para la obesidad, diversos autores —Azamar (2016), Soto (2016) y el IMCO (2015)— indican que México invierte el 3% del PIB y 20% del gasto total en salud para atender la obesidad. Los datos de la diabetes y de acuerdo con el IMCO (óp. cit.), al año se pierden 400 millones de horas laborables, lo que equivale a 184,851 empleos de tiempo completo. Es decir, el 32% de los empleos formales creados en 2014. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México (2013) de cada 100 trabajadores por lo menos 50 son obesos, 20 padecen sobrepeso, 33 tienen el colesterol alto, 20 sufren hipertensión, 12 son diabéticos, 30 están deprimidos y 25 son fumadores de alto riesgo. Esto ocasiona mayor presentismo, menor productividad y un deterioro de la salud.

El ausentismo, de acuerdo con el estudio de Kronos (2014), tiene un costo para las empresas de 7.3% del total de su nómina, pero podría elevarse hasta 15% si se suman los costos de la búsqueda del reemplazo.

De acuerdo con Azamar (2016), en promedio una acción integral tendría un costo de 12 dólares al año per cápita en las empresas, pero se evitarían alrededor de 55 mil muertes anualmente relacionadas con el sobrepeso y la obesidad.

En resumen, los efectos que hemos encontrado son:

Gastos: primas de seguros en gastos médicos, incremento de cuotas en seguridad social, alta rotación de personal, entre otras.
Operativo: menor productividad, malas decisiones, relaciones no saludables entre compañeros, ausentismo, etcétera.
Individual: estrés laboral, escaso liderazgo, obesidad, hipertensión y diabetes, baja productividad, entre otros.

La solución a esta problemática está en lo que hoy día se ha denominado programas de wellness corporativo, los cuales están diseñados para el bienestar físico, nutricional, psicológico y social de los empleados.

Algunos datos de cómo se han implementado estos programas en el país indican que —y de acuerdo con AON (2015, 2016, 2017)— los principales problemas de las empresas son: el 69% tienen sedentarismo, el 58% buscan mejorar la calidad de vida, eficiencia y eficacia del trabajo.

Las empresas mencionaron que el 42% no invierte en programas de salud, el 58% cuenta con programas, el 45% tiene programas de nutrición, 1% tiene programas para el manejo del estrés, 41% tiene una estrategia para comunicar sus programas.

Las acciones que implementan son: 89% nutrición, 85% actividades físicas, 63% enfermedades laborales y el 15% para mejorar la calidad del sueño. Y por último, en la categoría de operación, el 50% de los planes fracasa por no tener un diagnóstico y métricas, el 5% cuenta con programas de salud robustos y consolidados.
Nosotros consideramos que la mejor estrategia es iniciar con un acelerador del desempeño a nivel físico para los empleados.
Esto tiene como objetivo incidir en la motivación y el logro en poco tiempo; con ello ganas confianza y, al mismo tiempo, trabajas con recursos socioemocionales y competencias blandas para incrementar su productividad.

CINCO REGLAS BÁSICAS PARA UN PROGRAMA

1. La importancia del diagnóstico: la mala implementación de un programa se debe a que se equivocaron en el diagnóstico; esto equivale a tener operando a un 30% el programa.
Un mal diagnóstico está relacionado con una mala respuesta y a su vez con una mala ejecución.
2. Motivar para el logro: un programa exitoso se debe de basar en resolver lo importante, no lo urgente. La principal problemática son los efectos del síndrome metabólico en la vida de los empleados; un entrenamiento físico logra resolver el 70% de los problemas en un tiempo corto (10 semanas), cambiar todos los hábitos puede llevar más de un año.
3. Entrenamiento invisible: un programa acelerador de bienestar es físico en un 30%, pero el 70% se basa en promover el cambio de hábitos como la dieta, las horas dedicadas a dormir, eliminar el abuso de alcohol y tabaco, aprender habilidades socioemocionales, etc. Esto genera un cambio a largo plazo.
4. Trabajamos sobre el bienestar: no hablamos desde lo negativo sino desde lo que pueden hacer para hacerlo posible. En lugar de “asustar” para adoptar hábitos saludables, nos centramos en los recursos positivos, sueños y anhelos de las personas y las organizaciones. Una perspectiva positiva construye confianza y promueve el cambio.
5. Hablamos de cómo reducir la eficacia, no el costo: damos resultados en términos de retorno de inversión social y financiera. Un buen programa ayuda a reducir costos, pero sobre todo a mejorar la productividad.


Fundador y CEO del Instituto Mexicano de Prevención Integral, Alex Lobo es Especialista en Desarrollo Humano Digital; Coach en desarrollo personal, espiritual e incremento de la productividad; y conferencista internacional.
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