ANÁHUAC | UNA MIRADA A LA RESPONSABILIDAD SOCIAL

Dr. José Antonio Forzán Gómez
Coordinador Académico de la Maestría en Responsabilidad Social
Coordinador del Centro en Doctrina Social de la Iglesia
Facultad de Responsabilidad Social
Universidad Anáhuac México

En estos tiempos de incertidumbre, las decisiones que tomamos responden a un sinfín de factores. Desde la procuración por la seguridad económica, la movilidad profesional para evitar el estancamiento, la creatividad para encontrar caminos para el emprendimiento, la desesperación por no poder superar un problema…

Entre tantas opciones, algunas mucho más legítimas que otras, no hay que perder de vista el horizonte que da sentido al rumbo más claro. Decidir de la mejor manera debe tomar en cuenta un factor central: la dignidad de la persona humana. Y aunque esto parece una declaración que se ha vuelto un lugar común, resulta preponderante no perderlo de vista.

Si se considera la relevancia que tiene el ser humano, cada decisión que se tome implicaría un análisis objetivo de las consecuencias de las acciones. Por ejemplo, un despido masivo de una empresa con el propósito de salvaguardar las finanzas de un sector de la misma, no contempla la dignidad de la persona humana. Esto porque, además de olvidar principios como el de solidaridad, se desconocen las historias particulares del personal al que se impacta con una medida de este tipo.

El factor humano es clave. Y no solo es una enunciación anacrónica, sino que es una mirada hacia el mañana. Poder alcanzar un verdadero desarrollo sostenible implica no comprometer a las generaciones venideras. Ninguna decisión puede tomarse en lo instantáneo, sino que debe estar acompañada de análisis complejos con juicios claros.

Desde luego, se podría considerar que una reflexión profunda implicaría un retraso, y más en estos tiempos de inmediatez. Justo es por eso que se requiere una preparación a fondo en los principios que deben acompañar la toma de decisiones, por ejemplo: la subsidiariedad, el bien común, el destino universal de los bienes y la sostenibilidad, por mencionar algunos.

Una preparación adecuada que contribuya a responder de la mejor manera a la sociedad, tendría que articular la reflexión a partir de los principios señalados con elementos trazados internacionalmente, como pueden ser algunas normatividades que contribuyan a la calidad y a la construcción de una civilización de paz.

Ante la complejidad que presenta la sociedad en sus múltiples aspectos: la política, la empresa, la academia, la cultura, se requiere una preparación integral, que contribuya al desarrollo de políticas públicas y de certidumbre en la planeación y ejecución de las acciones cotidianas.

Hay que construir, con las mejores herramientas y las miradas teóricas más avanzadas, un trabajo responsable para saldar la deuda social. Si pocos tenemos acceso a la educación superior, y más aún a la formación en posgrado, lo mejor es contribuir en la toma de decisiones centrada en la dignidad de la persona humana, ya sea a través de la consultoría u ocupando cargos en empresas, organizaciones civiles o el gobierno.

Una formación integral es fundamental para el verdadero éxito: la construcción de una civilización que sea capaz de tomar aliento y, a la par, compartirlo con los demás.

 

 

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